El baldecito rojo quedó tirado en la orilla, toca la espuma en intervalos calculados por la luna, aunque son las cuatro de la tarde.
La mallita negra con rombos fucsia enmarca la figura infantil de Natalia, que absorta en su castillo de arena, no percibe la mirada atenta de su madre que la admira, la ama, la cuida.
Enredadas entre sus cabellos, algunas algas semejan diademas opacas que la adornan casi como princesa en alta mar.
Atrás, lejos, algunos muchachitos juegan con pelotas fosforescentes, otros leen el diario, otros piensan, sueñan.
Natalia va y viene, vuelve al mar una y mil veces, siempre en su mundo fantástico.
De pronto, clava sus ojos almendra en los ojos de la madre, resplandor que enceguece y con sonrisa sutil, se acerca y congela los oídos con un te amo.
La tarde se volvió rojiza, es hora de regresar a casa, la madre apenas balbucea, apenas se mueve, está dichosa, feliz…..

No hay comentarios:
Publicar un comentario